Soy muy consciente de que todos somos unos juzgadores, en mayor o menos medida, pero todos lo somos.
Personalmente, con los años tiendo a serlo cada vez menos, la experiencia me dice que tenga paciencia, que a lo mejor todo no es como parece y generalmente la recompensa es que tengo razón. Pero hay una cosa que sí me suele hinchar la vena de la frente, cómo se suele decir, y eso pasa cuando estoy en una sala de exposiciones, museo o cualquier lugar que tenga obras de arte expuestas, de cualquier tipo, y oiga a alguien que dice… Pues esto no parece arte, esto no parece abstracto puro, no parece contemporáneo, no parece impresionista puro porque… ¿Quién somos nosotros para calificar dentro de un globo el arte de nadie? ¿Quién somos para calificar donde debe ir colocado esa obra? Efectivamente, no somos nadie. Y cómo, además, el estilo de la obra puede ser totalmente nueva y no tener donde encajarla, y ser en si misma un estilo propio, mejor no intentar ni calificarla.
Con el sesgo del gusto no me voy a meter jamás, porque en esto influyen las vivencias, educación, hasta lugar de nacimiento. Pero por favor, dejemos de meter las obras, las personas, en globos. No existen globos para tanta creatividad, tanta diversidad cómo hay en el mundo.



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